¿Alguien puede ver esta imagen? ¿Alguien puede escuchar los gritos de fondo, las reclamaciones y los desprecios que pueden oírse desde aquí?
Una Verdad Incómoda es el título que leen mis ojos borrosos y húmedos mientras una lágrima pasa de un ojo a otro y cae por la mejilla izquierda. Mi cuerpo desplomado y agotado intenta aguantarse tumbado en la cama.
A veces quiero pensar que la vida es justa. Que todos tenemos las mismas desgracias y los mismos problemas. Que la balanza se mantiene en equilibrio en todos los casos, “cosas buenas vs cosas malas” ¿no?, o que las de todas las personas se decantan por ese lado de mierda y malvivir.
Si a mi me gotean las manos todos los momentos del día, otros tendrán canas y algunos serán peludos. Si mi hermana y mi madre parecen odiarse y suelen hundirme con frecuencia, otros se separarán de sus parejas y algunos serán incomprendidos en su trabajo.
Hago mi propia balanza, casi diariamente, y aunque suele desestabilizarse por el peor de los lados y el más difícil, el profundo pozo que se ha creado dentro de mí, se está volviendo más fuerte que nunca y mantiene todo lo que llega y aguantará todo lo que está por venir.
Pero se me olvida. Se me olvida que nadie me ve, que mi habitación conmigo dentro no es la peor secuencia de una película. Se me olvida que nadie escucha ni oye lo que a mi me está destrozando. Se me olvida que nada se equilibra y que las cosas, no tienen por qué mejorar. No hay película, no hay cinta, no se puede volver al pasado ni adelantar esta parte. No es una imagen ni un sonido, no es nada que tenga por qué arreglarse.
Nadie va a bajar el volumen y yo, no voy a poder dejar de oír todo esto.
Simplemente está, y yo, soy la única que puedo sentirlo.